Historias del Terremoto

No sé cómo hayan pasado el movimiento ustedes… Yo lo pasé en el campo, donde las casas de adobe se cayeron como dominós y donde hasta hubo gente que dijo que se salía el tranque para puro robar. En mi casa no pasó nada “grave” salvo perder todos los copetes buenos y quedarnos con puras mierdas (como un pisco Limarí que llevaba como 10 años medio abierto) con lo que el piso de la casa quedó como si hubiéramos hecho el manso carrete. Fueron días cuáticos esos, sin luz, agua ni teléfono, pero hubo un día en que un primo que vive como a 50 kms viajó para la casa a fin de saber si estábamos todos bien. Y nos contó una historia que vio con sus propios ojos:

Resulta que él vive más al campo que yo (sé que explicarle esto a un Santiaguino que cree que un chilote y un talquino son “los mismos huasos, distintos sombreros” es ultra difícil, pero igual nomás) y cerca de su casa hay un buen par de bodegas de vino almacenado en viñas con vinos cuicos, como Bisquertt, Lapostolle, Viu Manent y Casa Silva. Y si en mi casa quedó la cagá con los copetes, imagínate en esos contenedores gigantes de quién sabe cuántos litros de vino, lo que terminó con que en las cercanías de las bodegas se formó un río de vino que corría por el suelo. Cual milagro.
En eso uno de los viejitos de esos con cara de destapador que de puro asombro estaba parado, al verse delante de un río de vino de 160 lucas la botella hizo de hígado corazón e gritó su arenga famosa:

“Weones, esta no la hago nunca más!”
Tras lo siguiente se manda don piquero en el riachuelo del sagrado líquido. Después de nadar cual Cleopatra en leche de burra su buen rato lo lograron sacar más morado que Barney y más curao que hilo de fiestas patrias. En todo caso, yo también la hubiese hecho, para contárselas a mis nietos, jaja.

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