El kriko

Vía Carlos González

Un anónimo me contó esta historia cuando estaba carreteando en Ritoque.
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Estaba con mis amigos en un carrete, estaba terrible curao y conocí a una tipa rellenita, tetona, culona y caderona, estaba bien hasta que se subieron los copetes… ¡la tipa era la mansa mina weon ! terrible rica conchetumare y me acerqué con todo mi encanto semental alumno de intercambio, estudiante de ingeniería nuclear, destructor de camas y pichulón. Me la comí. El problema es que yo curao no controlo lo que digo, y me mandé una frase: “apuesto que con esa cara de caliente hasta te enjuagai la garganta con mi corneta” La mina me miró con cara de furia y pensé que habia rifado mis cocos, y me dijo: “saca la corneta pa chupartela si soy tan hombre” Como estabamos en una fiesta le dije caballerosamente que afuera podía bajar mis ropajes al suelo para enseñarle mi corpulento, venoso, gigante, sudoroso y groso pedazo de pichula que tenía. Ella aceptó. Salimos y fuimos a las dunas, de noche, rico, todo lindo, tenía ya mi herramienta afuera y la mina me dice: “¿te hago el kriko?” Yo respondí que sí, que me la chupara como quisiera no más mi diosa. Cerré los ojos y pasó lo que tenía que pasar.
La guatona culia pescó un puñado de arena y me lo tiró en la callampa, no solo eso, me la refregó y me gritó. “Para que aprendai a tratar a las mujeres sapo culiao, ojala se te caiga la pichula a pedazos”
Yo solo sufría por mi pichula, fue un calvario caminar de vuelta al carrete, la arena rasmillaba mi pene con el roce calzoncillo, y mi escroto rasmillaba a la vez mi glande. Pasé horas sacandome la arena incluso desde el interior de la uretra. Cuando mié pensé que algo me mordía la punta del pene… pero eso no fue nada comparado a la semana de hinchazón y ardor que pasé.
Mi consejo: Traten siempre bien a la mujeres, porque ellas saben como cagarnos en los momentos de mayor debilidad.

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