Tal como muchas familias, tenemos la costumbre de comer ñoquis para los 29, y generalmente con María José recurrimos a la versión en bolsa, rápida y sin mayor ceremonia. Pero como dice el incombustible Álvaro Barrientos en sus recetas: no te equivoques. Porque aunque preparar estas pequeñas delicias puede parecer una tarea larga (Hint: y sí, lo es un poco), el resultado vale completamente la pena.
Esta vez fue Coté quien tomó la posta y decidió que había que hacerlos desde cero. El resultado fue tan bueno que no solo repetiremos plato, sino que además sentí que era el momento perfecto para desempolvar la sección Cocinando con Caldo del blog… y evitar así cumplir otro año sin compartir otra receta.
Hay también un pequeño ajuste de cuentas personal en todo esto. Cuando era chico, en mi casa preparaban ñoquis caseros, y en uno de esos almuerzos lancé una frase que ha sobrevivido demasiado bien al paso del tiempo: dije que parecían “masitas crudas”. Sí, lo sé. Un columpio del que aún no me bajo, pero que hoy, con el plato terminado al frente, puedo decir con propiedad que estaba completamente equivocado.
Ingredientes:
- 500 gramos de papas cocidas
- 200 gramos de harina.
- 2 yemas de huevo.
- Nuez Moscada




Esta vez nos fuimos a la segura y preparamos dos porciones, incluso nos quedo para congelar.
Preparación:
Las papas se hierven con piel durante casi una hora, hasta que estén bien cocidas. Luego se pelan, muelen y se trabajan mientras aún están tibias, formando una masa junto con la harina y los huevos.








La mezcla se sazona con sal y nuez moscada recién rayada. Este punto es clave: trabajar la masa mientras las papas están tibias ayuda a lograr la textura adecuada, suave pero manejable.
Una vez lista la masa, se forman cilindros largos, se cortan pequeños trozos y se les da forma. Para esto, se pueden aplastar suavemente contra un tenedor, generando esas pequeñas marcas tan características que además ayudan a que la salsa se adhiera mejor.






El toque final
Si bien mañana es 29, nosotros teníamos que probar el resultado. Hervimos un poco de agua y los dejamos cocer hasta que flotasen. Como si todo conspirara a favor, quedaba un pequeño cubo de pesto congelado (preparado con aceite de oliva, maní, ajo y albahaca) que terminó siendo el acompañamiento perfecto.







No hay muchas palabras para describirlo: simple, casero y profundamente delicioso. Así que este mes, al menos, llegamos al 29 con la tarea hecha… y con ganas de repetir.
Adelante estudios.
