La gloriosa Universidad de Chile cumple 95 años y durante ambos partidos del pasado sábado (tanto en su rama masculina como femenina) los jugadores usaron una camiseta conmemorativa que poseía algunos cambios:

  • En su parte delantera, el escudo actual fue reemplazado por el original de 1927, con la sigla CUD dentro del tradicional chuncho.
Foto tomada durante el partido contra Huachipato
  • Se incluyeron mensajes de hinchas que no podían tener más de 95 palabras, sobre el numero de los jugadores.
Se veían bien poco en verdad, ni con la cámara se logró obtener estos relatos.

A lo largo de los días se han ido mostrando algunos de los 11 relatos y los voy a ir recopilando en esta entrada:

Clásico Navideño

Seis de la mañana del 25 de diciembre de 1961. Yo tenía 6 y con mis hermanos corrimos a ver que nos dejó el “Viejito”. Al lado del árbol, tres bolsos de genero. Dos con uniformes de la U y uno con el de Colo Colo. una pelota y tres pares de chuteadores. A las 7 AM ya estábamos en el patio. Víctor y yo, de azul, de azul, contra Nelson, el mayor. Un clásico. Yo era Campos y Víctor, Leonel. Así empezó mi amor entrañable por este Club, que perdura hasta hoy, que tengo 67 años.

Sergio Vidal Pérez, 67 años.

Un amor en Pandemia

El 31 de octubre de 2020 quedó pactada nuestra cita. A las 17:30 horas, me senté frente al computador. Nos conocíamos hace años, compartíamos la misma pasión, pero no éramos cercanos. Hicimos “match” en cuarentena y me enteré que iniciaba una nueva etapa en su vida. El encuentro virtual duró dos horas, con el compromiso de verla nuevamente. El amor floreció de manera remota en tiempos de pandemia y esa goleada ante La Serena fue el primer coqueteo. Apagué el notebook aguardando el día para reunirnos. Prometí nunca romper esta relación con la U femenina.

Maximiliano Cárdenas Valle, 28 años.

La estatua que celebró la sudamericana

Más de 60 años lleva el Pilucho resguardando la puerta norte del Estadio Nacional. Esta figura de bronce convertida en punto de encuentro para las personas que asisten al coliseo, desde su inmovilidad, celebra en silencio cada vez que escucha a los hinchas gritar un gol de la U. Aquella noche mágica de diciembre, cuando el equipo azul se alzo como el mejor de Sudamérica, también fue el día en que de la emoción saltó de su alto pedestal. Entre la algarabía, nadie se percató que había una estatua celebrando el triunfo en Plaza Italia.

Mauricio Bustos Arancibia, 27 años

Puerta 11

Me pareció verla en la galería, a la altura de la puerta 11. Era el minuto 2 con 36. Diaz para Vargas. Vargas para Rodríguez, por la derecha. Centro al punto penal. Ella levantó los brazos. Aránguiz intenta un taco, Canales no la alcanza, rechaza el defensa de Liga. Recibe Vargas qué, casi cayendo, dispara al arco. Minuto 2 con 44. Gol. Estalla el nacional. mire a la galería, nuevamente, y juro que la vi llorando de alegría, con la sonrisa incrédula y sin rastros del aneurisma que se la llevó dos años antes.

Julio Zuñiga, 50 años.

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La primera

La primera frazada en la clínica y el primer regalo en la vida. La primera palabra y sonrisa. El primer sueño por cumplir. La primera discusión con compañeros del colegio. La primera promesa de amor eterno y primera prueba de fidelidad. El primer llanto de corazón destrozado. Lo primero que piensas cuando te dicen “¿qué vas a hacer el fin de semana?”. Lo primero. Porque incluso sin estarlo, está en todo. Y aunque amor, sentimiento, familia, identidad y perseverancia no la tengan en sus letras, en todas está la U. La primera, la más importante.

Felipe Kuthe Armijo, 22 años.

¿Por qué soy de la U?

Una pregunta recurrente. Le pregunté a mi papá. Le pregunté a mi mamá. Nadie me supo responder. Pensaba que era el color. Mi favorito es el azul. Pero crecí y vi al Matador. Me enamoré del fútbol. Más que antes. Menos que ahora. Aprendí las canciones. Caminaba en la calle… y cantaba. Me sentía triste… y cantaba. Ahora entiendo. Después de campeonatos. De derrotas. De hinchada contra hinchada. Ese azul. Ese canto al unísono. Esas miles de razones irracionales. Soy de la U. La pasión no se explica. Se sufre, se vive y se muere

José Ignacio Véliz Fuentes, 33 años.

Leonel

Decían que no existía proporción entre lo que tenía y lo que entregaba, su simpleza no opacaba su temple, cambia y liquida en un instante, se escabulle en el césped y cambia de dirección sin oportunidad de seguirle. Su instinto lo guía, sus piernas lo siguen, llega a su hábitat y luce con orgullo la U, su estampa, desenvaina y fusila. Llora por añoranza, mira más allá del horizonte que alguna vez conquistó y las álgidas masas lo despiden coreando su nombre, su luz se apagó, pero su color no oscureció, Leonel es inmortal.

Hugo Campos Esparza, 31 años

La Liguilla

Nací siendo un viejo chico y uno nunca cambia. Imagínenme a los ocho años, bajito; flaco como suspiro, siempre leyendo, serio y engominado. Hoy profe de Historia, para completar el cuadro. Fueron los viejos quienes me contagiaron de fútbol. Con ellos precisamente, esa noche escuchábamos atentos, hasta que cobraron penal en contra terminando. Me apagaron la radio y caminaron cabizbajos. La prendí de vuelta: “¡REMATA RIVAAAAAAAAASSS!… ¡CONTIENE EL GOLERO UNIVERSITARIO LAICO!… ¡¡¡DESBORDE DE HOOOFFEEENS… SALAAAAAAHHHHHH!”… Vuelven, gritan… saltan… lloran… me revolean como bandera… consigo respirar y les largo, enojado: ¿Qué significa laico? Uno nunca cambia…

Pablo Álvarez Rojas, 49 años.

El café

Entonces la pelota pasó por arriba de Bruno. Ya íbamos 0-1 y en el Santa Laura se escuchaba el murmullo. Mis ojos desilusionados de quinceañero ya comenzaban a cerrarse, pero mi papá, viejo y curtido, con una mano en mi hombro y la otra en un café me dijo “ahora”. Y entonces, el 10 azul enfiló hacia el arco. Y esas más de 20 mil personas solo abrimos la boca: desde fuera del área, con un picotón perfecto, Montillo nos metía en semifinales de Libertadores. Por supuesto, el café voló por los aires.

Víctor Azócar Ríos.

La 14 es mía

Forsyth manotea un rebote, la defensa la despeja hacia la entrada del área. Le queda al Colocho, quien la amortigua de pecho y se la baja a Seymour, que le pega un “chimbazo” con el alma en dirección al arco. Rebota en un defensa y se clava al otro lado del portero. La celebración tiene tanta pasión, que Felipe se sube a la reja para celebrar el gol que clasificó a la U a cuartos de final de la Copa Libertadores 2010. Desde aquel día siempre uso la 14 para ir al estadio y jugar fútbol.

Felipe Bernstein Mery, 32 años

Catarsis

No soy de cábalas, pero ese 5 de diciembre tomé la primera camiseta azul que recibi de parte de mi padre, quien ya no está. El partido lo vi con un nudo en la garganta, como todos, y en ningún momento la solté. Llegó el tercero de Junior y, automáticamente, la catarsis. Lloré, como el día en que supe que él no estaría más. Lloré, y esa camiseta fue mi pañuelo de lágrimas. Lloré, pero fui feliz, porque esta camiseta representa un amor inexplicable hacia estos colores y hacia él, quien me enseñó a amarlos.

Cristian Morales M, 26 años

Link a la foto de los participantes.

Adelante estudios.

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