Universidad de Chile y Audax Italiano repartieron puntos en un opaco 0-0 en el Estadio Nacional, en el estreno del Campeonato Nacional 2026. Un regreso largamente esperado a Ñuñoa, tras casi seis meses en Santa Laura, que terminó condicionado por decisiones arbitrales, expulsiones tempranas y un clima enrarecido dentro y fuera de la cancha.
El dato no es menor: por primera vez en harto rato la U volvía a jugar en el Nacional. Justamente desde agosto del año pasado, frente al mismo rival. Pero el reencuentro fue incompleto. Más de 3.200 hinchas de galería norte no pudieron estar presentes tras el castigo impuesto por el Tribunal de Disciplina de la ANFP, por fuegos artificiales y lienzos en el partido ante Coquimbo Unido. Una sanción que, como casi siempre, termina pagando el hincha común, pese a que existen herramientas de sobra para individualizar responsabilidades, como el registro obligatorio de hinchas.











Un equipo en construcción
Esta Universidad de Chile es un equipo en pleno armado. Con un nuevo cuerpo técnico encabezado por Francisco Meneghini, la U todavía busca identidad, automatismos y respuestas en cancha. Se notó por momentos: orden, intención y compromiso, pero también desconexiones propias de un plantel que recién empieza a conocerse.
A eso se suma el regreso de Eduardo Vargas. Su vuelta al club que lo vio crecer genera ilusión, pero también exige paciencia. Todavía lejos de su mejor versión, su presencia pesa más por lo simbólico que por lo futbolístico, aunque bastó un par de movimientos para recordar que su jerarquía sigue ahí. Este equipo es nuevo, y como todo proceso, necesita tiempo.



El árbitro que quería ser figura (otra vez)
Si alguien tenía dudas de cómo se iba a desarrollar el partido, Gastón Fhilippe se encargó de despejarlas temprano. El mismo árbitro que ya había hecho el ridículo cobrando un córner después de un gol volvió a demostrar que el protagonismo no lo suelta fácil.
A los 15 minutos, el partido se condicionó completamente con la expulsión de Salomoni. Roja directa, sin matices, sin criterio y sin necesidad. A los 30’, Fhilippe intentó repetir la dosis, esta vez con Octavio Rivero. Solo los reclamos, y lo indefendible de la decisión, lo obligaron a recular y dejar la sanción en amarilla. Un arbitraje inclinado, nervioso y siempre mirando para el mismo lado.

En lo futbolístico
Con un hombre menos desde temprano, Audax podría haber intentado aprovechar la ventaja numérica, pero dio la sensación de que el empate les acomodaba perfecto. Posesión estéril, pocas ideas y cero ambición. Como la comida de la Piccola Italia.
Paradójicamente, fue la U la que tuvo las ocasiones más claras en los minutos finales del primer tiempo. Sin sobrarle nada, pero con actitud, empujó y estuvo cerca de abrir la cuenta. El gol, eso sí, jamás llegó.






Segundo tiempo
El complemento arrancó tarde. Catorce minutos de detención por incidentes terminaron de enfriar un partido ya trabado. La U se replegó, ordenó líneas y apostó al contragolpe. Audax, con uno más, nunca supo qué hacer con la pelota.
Salvo una jugada aislada, de otro partido, en la que Troyansky casi rompe el cero, apagada por una gran atajada de Castellón, los floridanos no inquietaron mayormente. El arquero azul terminó firmando el empate final, incluso jugando con dos hombres menos, tras la expulsión del Gato Lucero en el 88′, en un cierre que resumió el partido: desordenado, tenso y mal llevado.











Sobre los desmanes (y los que se lavan las manos)
Acá todos quieren llevar agua a su molino. La barra guardó silencio durante las constantes alzas en el precio de las entradas, cuando ir a ver a la U ya es, por lejos, lo más caro del fútbol chileno, hasta que el problema les tocó directamente.
Pero Azul Azul tampoco puede darse baños de pureza. La empresa que administra al club arrastra querellas, denuncias y un historial más que cuestionable. Su presidente ha sido investigado varias veces, la última por presuntos delitos financieros vinculados al colapso del grupo Sartor. Nadie sale limpio de esta historia.

Y en medio de todo, queda el hincha común. El de galería, el de tribuna, el que ahorra para la entrada.
Porque la U no es la barra.
La U no es Azul Azul.
La U es su gente.
La gente que tiene que bancarse los abusos de los pacos, las revisiones humillantes en los accesos, a una dirigencia que no para de subir precios y, además, vivir con el miedo de que un puñado de delincuentes termine suspendiendo partidos. Ser hincha normal de la U es cada vez más difícil… pero igual seguimos viniendo.
A pesar de todo, estamos aquí.
Adelante estudios.
