Ayer fui a ver a Ricardo Meruane. Su espectáculo se llama Hay que entrar a picar, un nombre que le queda perfecto a una rutina que no busca el remate inmediato, sino que juega con el tiempo. El propio Meruane define su propuesta como un “humor crónico”: chistes a corto, mediano y largo plazo. Algunos funcionan al instante; otros, dice, recién se entienden una década después.

Mientras lo veía sobre el escenario, pensé que quizás esa definición también habla de su carrera. Es difícil mencionar a Ricardo Meruane sin que aparezca el recuerdo de sus dos presentaciones en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. No fueron noches fáciles. Para muchos artistas, una experiencia así podría significar bajar el telón, cambiar de rumbo o simplemente desaparecer. Sin embargo, Meruane hizo exactamente lo contrario. Siguió escribiendo, subiéndose a escenarios, contando chistes.

Hay algo admirable en esa perseverancia. En una época en que solemos medir el éxito por un momento viral o por una actuación que sale perfecta, Meruane representa otra idea: la de alguien que acepta los tropiezos como parte del oficio. La resiliencia no consiste en fingir que nada pasó, sino en seguir haciendo aquello que uno disfruta, incluso cuando el recuerdo de un fracaso público podría pesar más que cualquier aplauso.

Esa idea me llevó inevitablemente a uno de mis trabajos anteriores. En ese laboratorio, por alguna razón, los chistes de Meruane terminaron formando parte del lenguaje cotidiano. Repetíamos una y otra vez esas tallas que habían sido pifiadas en Viña. Al principio nos hacían gracia por lo incómodo de la situación; después, por pura repetición, adquirieron vida propia. Se transformaron en códigos compartidos, en bromas internas que hacían más llevaderos los días de trabajo. Incluso uno de mis compañeros llevo la idea más allá intentando entender de que se rien los chilenos. Es curioso pensar que un material rechazado por miles de personas pudiera convertirse, en un contexto completamente distinto, en una fuente constante de risas.

Y creo que eso es precisamente lo que Meruane quiere decir cuando habla de humor crónico. Hay chistes que no encuentran a su público de inmediato. Hay otros que necesitan tiempo, contexto o simplemente ser repetidos hasta que terminan instalándose en la memoria.

Ricardo Meruane y su Meruanews

Hoy ese camino parece haber encontrado una comunidad fiel. Más de 55,8 mil personas lo siguen en Instagram, donde cada martes se conecta en un “Martes de Meruane” para conversar y hacer humor en vivo. No es un fenómeno masivo de televisión; es un público que vuelve semana tras semana porque conecta con una forma muy particular de entender la comedia.

Quizás ahí está la gracia de su “humor crónico”. No necesita que todos se rían al mismo tiempo. Hay chistes que maduran, referencias que cobran sentido años después y carreras que también se entienden mejor con el paso del tiempo.

Ayer fui a verlo esperando reírme. Me reí, por supuesto. Pero también salí pensando que, más allá de los chistes, presencié algo igual de valioso: a un comediante que, después de los golpes más visibles de su carrera, nunca dejó de hacer aquello que mejor sabe hacer.

No quise grabar mucho. Parte de la gracia está en descubrir la rutina en vivo, así que prefiero no spoilearla. Solo les dejo este pequeño adelanto:

Al terminar la rutina, Ricardo Meruane se quedó un buen rato compartiendo con quienes nos acercamos a saludarlo y pedirle una foto. Un gesto que se agradece. Incluso regaló un llavero a cada mesa que había asistido al espectáculo.

Mientras esperábamos nuestro turno, escuché que a la persona anterior le pidió que la foto fuera “de Paine pa’ arriba”. Cuando llegó mi turno y nos preparamos para la selfie, se acercó y, casi al oído, dijo una sola palabra para provocar una sonrisa espontánea: “clítoris”.

Funcionó. La sonrisa ya estaba ahí, pero después de una hora de humor, ese remate improvisado fue una demostración de que Meruane nunca deja de buscar la risa, ni siquiera cuando el show ya terminó.

Fue asombroso.

Adelante estudios.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.